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22/09/2019

Te miro las fotos pero no le doy al corazón

Al ha derramado su cerveza y nos hemos reagrupado instintivamente en un círculo en torno al charco. Parece que le estemos rindiendo culto pero en realidad estamos debatiendo sobre el número de letras que debería tener el mensaje que J quiere mandarle a la chica de la que se ha pillado. Somos la RAE millenial y damos mucha pena. Todas pensamos que las palabras largas deberían ir abreviadas para devolverle el desinterés que ella muestra. Sin embargo, él quiere poner hasta las tildes. Eso nos escandaliza como si lo que quisiera pedirle fuera exclusividad aunque lo cierto es que el mensaje solo dice «yo también». Todo se decide en esa última palabra. Yo opino que debería transformarse en un «tmb» pero Al cree que todavía podría tener una letra menos y, finalmente, se queda en un «tb». Me parece maestro. Debo de ser gilipollas. No sé cómo vamos a tener nunca nada si, además de estar ocupados mudándonos y buscando trabajo todo el rato, también estamos distraidos midiendo el tiempo y las palabras.

Otra cosa que he hecho este fin de semana es escuchar el disco de Amaia. Estoy maravillada por la naturalidad y la sencillez con la que ha retratado en sus canciones esta nueva forma de relacionarse. De todos, el verso más bonito y, a la vez más triste, el que lo resume todo se encuentra para mí en ‘El relámpago’. Cuando ella canta: «te miro a los ojos pero no le doy al corazón» convierte lo que al principio parecía un simple stalkeo en algo íntimo y sincero. No está ahí para fisgar ni cotillear. Se preocupa por esa persona, quiere saber de ella, comprobar que está bien aunque considere que, por lo que sea, es mejor aparentar que no se acuerda y no le importa.

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