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04/01/2015

Silence like a cancer grows

El silencio se extiende a lo largo del último poemario de Cristina Morano como el cáncer que Simon & Garfunkel mencionan en su famosa canción The Sound of Silence. En Cambio Climático (Bartleby Editores, 2014) el silencio es el hedor que desprenden los cambios producidos por la erosión del tiempo. Un hedor tóxico que enrarece el aire y esparce el veneno a su paso. Como si alcanzar la madurez fuera asumir que nada perdura. Como si madurar fuera aprender que la plenitud, como la felicidad, es siempre y únicamente pasajera. Como si ser adulto fuera, por fin, saber que el secreto del tiempo se esconde en lo cíclico de las estaciones. En la luz y el calor postapocalíptico del verano en el levante Español. En sus inviernos secos. El entretiempo indeciso. En las lluvias torrenciales que, de repente, nos sorprenden un día como una gran bronca. Y en saber que de nada sirve refugiarse entonces en los recuerdos cálidos y distorsionados del verano.

Existió, en tiempos de la burbuja inmobiliaria, un proyecto fallido de extensión de la ciudad que ha resultado en esqueletos de edificios que nunca terminarán de construirse, pisos vacíos y montículos de tierra rodeados por carreteras. Allí, en medio de la nada, se erigen dos grandes centros comerciales a los que la gente llega en autobuses desde la ciudad. Justamente, desde la parada se divisa, a lo lejos y como un espejismo, este edificio que bien podría formar parte de la costa de Benidorm.

Yo no sé escribir poesía pero siempre que lo observo aburrida por el escaso flujo de coches de línea en esta ciudad eternamente de derechas, veo un poema. Por eso me alegró tanto ver esta foto de Mathias Gomez Martial en la portada de Cambio climático. Porque, además, a Cristina Morano la conocí en otro secarral, el secarral (metafórico) que era mi instituto situado en los límites del barrio y la vía del tren. El instituto al que vino a dar una charla que, a día de hoy, reconozco como uno de los momentos más cruciales de mi adolescencia. Tanto como para tener mucha de la “culpa” de que ahora mismo esté aquí sentada tecleando estas palabras.

Gracias, Cristina.

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