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28/02/2014

Obituario

Collage: Paula Presa

En Granada debería haber una tumba llena de carmín de besos y mensajes de amor. Sería la tumba de Federico García Lorca, el hombre del que todas nos hubiéramos enamorado. El genio de las pasiones y la tierra. Del verse humano. Del saberse mortal. Cuando leo a Lorca siento unas ganas irrefrenables de besar. Son sus palabras de sangre caliente. Las únicas de la estantería que me piden dejar el lápiz y que las subraye en tinta. Tinta roja, besos rojos, sangre roja. Corazón caliente. Corazón ardiente.

Hay hombres que parecen haber venido al mundo con el único propósito de pisarlo. Otros, sin embargo, parecen haber nacido para dignificarlo. A Federico lo hubiésemos querido todos para nuestra generación. A veces me pregunto y me imagino: ¿cómo sería si fuera parte de la mía? Ya en la suya le costó vivir de su escritura y llegó a los veintisiete mantenido por sus padres, planteándose, en un arrebato, abandonar la literatura para dedicarse a la enseñanza.

Federico García Lorca como Millennial: uniéndose a las redes bajo el nombre de Rico Lorca. Subiendo una foto de perfil en albornoz. Incluido en un grupo de Whatsapp, Los Putrefactos. Hablando con sus amigos de la Residencia en el extranjero, negándose a emigrar. Actualizando su estado: “Si yo me pierdo que me busquen en Andalucía”.

Federico García Lorca en otros finales: Sofía Coppola rechazando Las vírgenes suicidas para adaptar La casa de Bernarda Alba. Una foto de John Waters y Lorca juntos poco antes de su muerte, de viejo, a los cien años. Una tumba en Granada, en Fuente Vaqueros, llena de carmín de besos y mensajes de amor.

El poeta del que todos nos hubiéramos enamorado convertido en flores.

*Publicado en Un Perro Andaluz el 28 de febrero de 2014.

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