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17/08/2016

La Costa Brava

1

En vez de usar el paso subterráneo, un chico cruza las vías del tren saltándose toda norma de seguridad. La gente le insulta, aunque no sé si por haber puesto en peligro su propia vida o porque si le llega a pillar un tren nos quedamos todos hoy sin día de playa.

2

Dentro del vagón, una chica le cuenta orgullosa a su novio que sus amigos piensan que, en una peli de miedo, ella sería la tía buena tonta que muere al principio. Cuando se bajan, se sube un tío muy pasado de algo que camina de un lado a otro del vagón actuando de forma violenta. La gente se acojona pero optamos por callar y mirar por la ventana, evitando el contacto visual. Pasa el tiempo con cuentagotas y, justo cuando voy a llegar a mi destino, el tío se para junto a mí, me manda un beso y me llama “puta”. Yo sigo fingiendo que soy sorda.

3

Paseando por el paseo marítimo y sentada en las terrazas me siento muy triste. Lo niños que gritan y lloran me parecen poseídos y las parejas que empujan los carritos, la misma una detrás de otra, como miembros de alguna secta. No sé dónde podría esconderme de este barullo y dejar de sentirme tan sola.

4

Bajo la vigilancia de sus padres, unas niñas pequeñas juegan con un señor con apariencia de haber sido yonki o haber estado en prisión o las dos cosas. Lo acaban de conocer. Corren juntos por la orilla mientras él grita poniendo voz de niño y llama “Pikacho” a Pikachu. Luego se despiden y quedan para el día siguiente. Cuando pasa junto a mi tumbona, una brisa de aire le levanta la toalla. No lleva puesto el bañador. Me pide perdón con su voz normal y se va.

5

Un hombre obeso y de espalda peluda le habla a otro, que se está bañando con gafas de sol, del negocio que se ha montado de compra-venta de guitarras. Habla de “jambos” a los que les compra, a través de internet, guitarras buenas por 200 o 150 euros y que luego él revende por hasta 3000. Todos sus clientes son “jambos” y “gitanos”. Pierdo el hilo de la conversación cuando una mujer se me acerca para decirme que el verano no es para trabajar, que ya limpiaremos y haremos la comida en invierno. El hombre obeso y su amigo de las gafas salen del agua y se tumban al sol.

6

El sol cada vez está más bajo. Un niño cae rendido después de haber pasado todo el día en la playa. Su madre lo coge en brazos y lo acuesta debajo de la sombrilla con una delicadeza infinita, como si estuviera enfermo o pudiera romperse. Después busca algo con lo que arroparlo. Me gustaría poder despertarlo en un despiste de la madre y contárselo: que nunca más volverá a sentirse así de querido y protegido.

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