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15/04/2015

Hablé con un personaje de mi libro

Se me ha olvidado traerme Vida de provincias a Barcelona y ahora es como si nunca lo hubiera escrito. Últimamente me siento despersonalizada. Elisa Victoria dice que es porque, ahora que he publicado un libro, soy una hoja en blanco.

El último día en Murcia conseguí, finalmente y después de mucho tiempo sin verlo por el semáforo, hablar con Antoñito. Me lo tomé como un regalo de despedida de parte de la ciudad. Aunque Antoñito ha resultado llamarse Juan Carlos, o como el responde a la pregunta: “como el rey”. Pero todo el mundo le llama Juan.

Tiene setenta y siete años y lleva setenta con su bici. La misma, a la que creo que quiere más que a su mujer por lo que cuenta y cómo lo cuenta. A los banderines raídos (uno de ellos de Dora, la exploradora), las estampitas descoloridas por el sol y todos los colgajos que decoran su bici, él los llama: “mis caprichos”.

Lleva de todo, desde una piña (de las que dan piñones) hasta un cartucho de escopeta (según él, suya). La variedad y lo inútil de sus caprichos parecen confirmar el síndrome de Diógenes que cualquiera se imagina pero, por lo demás, lo juzgaría bastante cuerdo. Eso sí, sordo como una tapia.Con respecto a las estampas de la Virgen, cuando me intereso por ellas se saca un fajo del bolsillo y me dice que las colecciona desde que tenía veintiún años. Entonces era militar, más concretamente, paracaidista y un día no se le abrió. Aquel día lo salvó el paracaídas de emergencia pero èl considera que fue Dios y le sigue estando muy agradecido.

Después se fue a trabajar bajo el sol al campo, lo que explica lo de su piel seca como una tierra arada, aunque dice haber vivido en muchos sitios diferentes, incluso en el extranjero. Ahora solo se dedica a pasearse con la bici todo el día hasta que le entra hambre y vuelve a casa. Lo que más le gusta es visitar mercadillos aunque nunca compra nada, va a hablar con la gente.

Antes de irme le pido una foto. Él me dice que no le importa porque todo el mundo le pide lo mismo.

– «Tendrás que ponerte delante para que se vea bien la bici».

– «No, si lo que yo quiero es una foto con usted».

Creo que no entiende que yo también quiera salir en la foto o que me interese más él mismo que las rarezas de su bici. Me pongo en posición de selfie y le explico que ahora vamos a aparecer los dos en la pantalla. Pero cuando Juan Carlos se ve reflejado en el móvil baja la mirada y parece triste. Antes de irme le prometo que la próxima vez que nos veamos le regalaré a La Moreneta para su colección.

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