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10/04/2015

Fui a las procesiones buscando tener una experiencia mística y tuve esta revelación

Me fui de procesiones buscando tener una experiencia mística y lo único que encontré fue gente. Y ahora ni siquiera sé por qué lo hice porque la verdad es que no se me ocurre nada menos espiritual que la Semana Santa. Dejando a un lado las creencias religiosas que no profeso, me gusta ver en los cristos de la humillación, en los besos de Judas y en las dolorosas una representación alegórica del sufrimiento humano. Sin embargo, una procesión es básicamente una aglomeración de gente y si hay algo claro sobre la gente es que nos soportamos poco.

Fui a la procesión del miércoles esperando acongojarme al ver a los penitentes cubiertos con túnicas rojo sangre arrastrando hasta cuatro cruces a la vez para materializar y redimirse de la carga que sienten que llevan de forma abstracta. Fui a la procesión del jueves esperando que se me pusieran los pelos de punta al ver a Pedro negando instintivamente a su mejor amigo hasta tres veces para salvar la vida. Fui a la procesión del viernes esperando compartir el abandono y la soledad de la madre que pierde al hijo… Sin embargo, ahora me queda claro que, a pesar del dolor, la vida es solamente mundana.

Fui a las procesiones y mi hermana se comió un pastel de carne y le resbaló por la mano un chorrete asqueroso de manteca. La mujer de delante se peleó con la gitana que cobraba las sillas porque no quería pagarle los asientos que ocupaba con sus hijos. Argumentaba, con chulería, que solo la iba a ver un rato y que llevaba niños pequeños y  que el ayuntamiento tenía que ponerlas gratis. Luego confesó que «a los gitanos no los quería ni quemados». Un turista coreano hacia fotos de baja calidad con su tablet y otros veinte espectadores más con sus móviles, mientras que los de detrás se molestaban porque les estaban tapando las vistas. Los niños exigían caramelos con las manos abiertas. El semáforo siguió pitando como si la calle no estuviera cortada y siguieran pasando coches. Al terminar, la gitana ocupó el lugar de la mujer y sus hijos y contó con sus propios hijos la recaudación de la noche. Una señora mayor, empujando a duras penas en una silla de ruedas a una señora aún más mayor, pisó sin querer a una chica y esta no aceptó sus disculpas.

Aún así, fui a las procesiones buscando tener una experiencia mística y tuve esta revelación.

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