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03/03/2015

Carta de amor de María Yuste

He dado un sorbo a mi gaseosa de piña y he pensado en ti. Hacía mucho tiempo que no lo hacía. Puede que hayan sido las tortitas con Nutella que estoy merendando o el reloj que da la hora de Nueva York en este falso diner de los años 50. No lo sé.

Lo que sí sé es que sonaré como una fan enamorada, y eso me da asco porque no lo soy. Lo que me pasa contigo ya lo había leído antes en un libro de Federico García Lorca quien, a principios del siglo pasado, ya sabía que hay almas a las que uno tiene ganas de asomarse como a una ventana llena de sol.

Aunque yo no creo en el alma y no sé si tú sí, pero pienso que me entenderás porque ha salido en el telediario que este invierno en Nueva York está haciendo mucho frío.

El año pasado entrevisté a tu hermano Andrew para la revista para la que trabajo y en la entradilla del artículo que escribí dije que, si en el siglo XV Cristóbal Colón, Francisco Pizarro y Hernán Cortés habían desembarcado y se habían hecho con las tierras de un nuevo mundo conocido posteriormente como América, en el siglo XXI los nombres de los Gregory Brothers sonarían en esa lista de primeros conquistadores de este nuevo mundo conocido como Internet (obviando toda la parte de la muerte, el expolio y la destrucción, claro). Aunque no es eso lo que me gusta de ti…

El que un día empezaras a oír a la gente cantar cuando en realidad estaban hablando y que fueras lo suficientemente apasionado como para proponerte llevarlo a la realidad es solo un hecho que confirma mi teoría (y la de Federico) de que tu ventana está llena de sol. Lo sé porque soy observadora y, además, estoy acostumbrada a la luz maravillosa del mediterráneo y tú brillas en un espectro muy extraño.

Ahora se está poniendo oscuro y parece que va a empezar a llover. Apuro los últimos tragos de la Fanta de piña que me estoy bebiendo y pido la cuenta. Ha estado bien, sin embargo, ni la Coca-Cola de cereza ni la de vainilla me convencen. Aún me queda por probar la Mountain Dew y la Dr. Pepper, pero eso lo dejo para otra ocasión. Esto es todo lo que queda de mi viejo sueño americano de niña que creció en los 90: un refresco de importación ocasional, las fotos pixeladas de la luna de miel de mi prima por la costa este y la fantasía en la que me besas en tu hometown.

*Publicado en Fantastic Plastic Mag como parte de un ciclo de cartas de amor el 2 de marzo de 2015.

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